Las escort en Valparaíso cambian periódicamente al igual que cada vez que uno va a la hermosa ciudad de Valparaiso, se puede encontrar algo nuevo y al mismo tiempo aparecer fogonazos de memoria emotiva guardada en algún rincón de la mente y del corazón.

Los sonidos de la ciudad resultan en extremo familiares: los frenos de aire de viejas micros, el suave andar de los trolebuses sobre rieles pulidísimos. Ya llegando al muelle, los guinches, cabos y grúas, el resalto de los camiones cargados sobre los adoquines , el golpeteo de sogas contra el hierro cientos de veces pintado de los buques y las sirenas estremecedoras de algún adiós.

En la plaza Echaurren, una de las favoritas de los porteños, se produce la mayor de las sinestesias. Todas las imágenes posibles se combinan y giran como gajos multicolores de un gran remolino, una gigantesca falda gitana, un trompo, un girasol superlativo, todo alrededor de la fuente que derrocha frescura a la vista y al oído: pescados, frutas, flores, granos de pimienta negra a granel saliendo de antiguos frascos de vidrio.

Borrachos, policías, mujeres de faldas cortas, labios pintados y pantorrillas fuertes, niños bien agarrados de la mano, perros de andar desencajado y vendedores ambulantes enclavadísimos en la misma esquina siempre

En Valparaíso uno puede encontrar pan caliente en cada cuadra, en cada esquina. El olor de las panaderías lo impregna todo, el calor de los hornos fermentando los panes batidos son un clásico en el plan y en los cerros.

Valparaíso tiene algo inexplicable que atrae poderosamente, a los hombres a buscar escorts

Nos gusta Valparaíso, porque aún habiendo sido comparada con joyas, damas marinas y con arco iris de múltipes colores, no se cree el cuento; es humilde. Nos gusta porque tiene el desparpajo y la franqueza de la ropa al sol no en el patio de atrás, sino en el balcón del frente si es menester.

Nos gusta porque sus callecitas llenas de vericuetos dificultosos son capaces de llevarlo a uno al paraíso cuando se llega a algún mirador o a cualquier esquina privilegiada.

Nos gusta Valparaíso porque conserva la tradición de todo marinero, que en cada puerto tiene un amor.

Nos gusta y por todos esos hombres de mar, marinos, pescadores que necesitan un descanso, un momento de fantasía para olvidar las cosas que sólo ellos ven entre el cielo y el mar, tenemos y sostenemos este espacio especialmente diseñado para que todos se sientan bienvenidos a vivir la experiencia con la más grata compañía y un nutrido bar para satisfacer las más altas expectativas de un momento inolvidable.